Ladakh a través de los ojos de Claire

 

Esta ha sido mi cuarta visita a India y descubrí en Ladakh un destino completamente distinto a todo lo que ya había conocido anteriormente.

Ladakh se encuentra en el extremo norte de la India, en pleno Himalaya, entre las cordilleras del Gran Himalaya y el Karakórum y fui invitada en un viaje de familiarización organizado por un agente local especializado en viajes de naturaleza en India. La organización fue impecable desde el momento en que nos encontramos en Delhi.

Para quienes aman la fauna salvaje en su estado más puro y natural, en un entorno remoto y auténtico, éste es el destino ideal. La mejor época para ello es desde finales de octubre hasta marzo o principios de abril, cuando hay más posibilidades de avistar al esquivo y escaso leopardo de las nieves, un animal absolutamente fascinante. Recomendaría pasar entre 5 y 6 noches en Ulley para combinar la observación de fauna con algo de senderismo.

Nosotros viajamos en mayo, es decir, fuera de temporada y tuvimos muchísima suerte con los avistamientos. Vimos una leoparda de las nieves con sus dos crías de aproximadamente un año y medio, que probablemente este verano se independizarán y también vimos magníficos yaks, cabras del Himalaya, muchísimas marmotas especialmente alrededor del paso de Warila, vimos uriales (un tipo de antílope local), íbices, águilas, bharales o “blue sheep”, zorros e incluso un lobo a lo lejos. Todo esto en solo 8 días y sin que nuestro viaje estuviera especialmente centrado en la fauna.

     

Ladakh no es únicamente para especialistas en naturaleza. Posee una belleza salvaje y espectacular que deja sin palabras, además de una cultura muy rica.

Volamos a Leh, la capital de Ladakh. Situada a 3.500 metros de altitud, es necesario pasar 2 o 3 noches aclimatándose antes de dirigirse a zonas todavía más elevadas. El centro de Leh cuenta con un pequeño casco antiguo rodeado de calles comerciales donde es habitual escuchar música local, además de un mercado tradicional, cafés y restaurantes. Los habitantes combinan vestimenta tradicional y moderna y hay muchas oportunidades para comprar recuerdos. Todo ello bajo la presencia dominante del Palacio de Leh situado en una colina con vistas de la ciudad.

     

En las afueras de Leh se encuentra el monasterio de Thiksey, una visita imprescindible. Como ocurre con muchos monasterios de Ladakh, su ubicación en la ladera domina completamente el paisaje. Es el monasterio más grande del Ladakh central y recuerda mucho al Palacio Potala de Lhasa, en el Tíbet. Alberga templos, estupas y una preciosa colección de thangkas, pinturas y ofrendas artísticas.


Tras 3 noches en Leh nos dirigimos a Ulley en busca de fauna salvaje. Nos alojamos en un precioso lodge donde el personal no pudo ser más acogedor y la comida fue excelente. Muy temprano cada mañana, los rastreadores salen por distintas zonas para localizar señales de fauna para los huéspedes alojados allí. Estos rastreadores también actúan como guardas de la zona y cuentan con excelentes prismáticos y cámaras.

Como mencioné anteriormente, tuvimos la enorme suerte de ver una leoparda de las nieves con sus crías: animales elegantes, bellísimos y extremadamente ágiles moviéndose entre las montañas. Habían cazado recientemente un íbice y permanecían cerca de la presa. El leopardo de las nieves es una especie en peligro de extinción y uno de los animales más difíciles de observar del mundo, y en Ladakh hay más posibilidades de seguir sus huellas y avistarlo en invierno que en verano.

Más allá de la fauna, Ulley es también un destino fantástico tanto para caminatas suaves como para trekking más exigente.
Al dejar Ulley pasamos por la confluencia de los ríos Indo y Zanskar donde nos esperaba un paisaje impresionante y lo que debe ser una parada fotográfica obligatoria. Desde allí continuamos hacia el valle de Nubra. De camino cruzamos el paso Khardungla, a unos 5.480 metros de altitud, donde disfrutamos de cielos despejados y paisajes espectaculares, aunque también de bastante tráfico, ya que es un lugar muy popular para el turismo nacional. La cima está cubierta de banderas de oración y ahora una de ellas ondea dedicada a Viajar a la Carta y su comunidad viajera. En teoría, es la segunda carretera transitable más alta del mundo. No se puede permanecer mucho tiempo en la cima debido a la altitud; de hecho, hay carteles indicando que no se debe permanecer más de cinco minutos por los bajos niveles de oxígeno.

El valle de Nubra ofrece oportunidades para el senderismo, visitas culturales como el impresionante monasterio de Diskit y el Buda Maitreya, así como las dunas de arena de Hunder, que, aunque no son altas como las de Oriente Medio, resultan muy sorprendentes entre montañas. También disfrutamos de una cena tradicional en una casa local; el propietario de nuestro hotel nos prestó ropa tradicional utilizada en bodas y celebraciones. Una experiencia deliciosa y a la vez divertida.
Finalmente regresamos a Leh por el paso Warila, a unos 5.310 metros de altitud. A lo largo de esta ruta vimos muchísima fauna: yaks, un lobo solitario a lo lejos, águilas, otras aves y muchas marmotas muy activas tras despertar de su hibernación invernal de seis meses.

Antes de llegar a Leh visitamos el monasterio de Hemis, el más grande y rico de todo Ladakh, otra visita absolutamente imprescindible.


Debido a la altitud es fundamental prepararse para temperaturas frías o muy frías según la época del año. En invierno son imprescindibles ropa térmica, gorro, buff y guantes, además de un buen forro polar y anorak. En verano puede hacer calor durante el día, incluso tiempo de manga corta, pero las noches siguen siendo frías. Un calzado resistente es absolutamente necesario.


Otro efecto de la altitud es la necesidad de hidratarse constantemente. Los locales recomiendan beber unos 3 litros diarios. Durante nuestra estancia notamos la piel extremadamente seca, especialmente manos y rostro. También hay que tener en cuenta que todo requiere más esfuerzo: se debe caminar despacio, respirar hondo, y quienes padezcan asma deberían llevar siempre su inhalador a mano.


Ladakh es un destino pensado para viajeros experimentados. Existen alojamientos confortables en los principales puntos del recorrido, aunque las carreteras son duras en algunos tramos y las distancias pueden ser largas. Aun así, es un destino absolutamente espectacular para quienes aman los grandes espacios abiertos y la naturaleza salvaje.
Ladakh no es simplemente un destino que se visita, sino una experiencia que se siente: a través de sus monasterios, aldeas, personas, tradiciones y su silencio atemporal.

 

* Agradecer a DK y Snow Leopard Lodge por sus fotos

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